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A través de la Madriguera, Capítulo 5

febrero 20, 2010

Capítulo 5,

El día no podía ser más hermoso. El cielo estaba completamente azul, aunque las hojas de los árboles, ya amarillentas, se desprendían de sus ramas con tanta rapidez que la llegada del invierno parecía inminente. Sin embargo, el sol brillaba con fuerza aún a sabiendas de lo inútil que resultaban sus intenciones en esta estación del año, pues en Noviembre el calor nunca llega.

Hoy era un día de contrastes, en el que me sentía plenamente confusa y a la par confiada, pues no había dormido durante tantas horas seguidas desde hacía meses.

Me encontraba sola en la habitación, tenía el baño para mis únicas necesidades y, por primera vez en meses, me di una ducha caliente sin importarme el embotamiento que provocaría en mis sentidos.

Hoy todo parecía ir bien.

No llegué al desayuno, pero las primeras clases del día fueron tan estimulantes que no tuve necesidad de cafeína en mi sistema nervioso. Y no fue hasta la tercera hora del día cuando me percaté de que, bajo mi pupitre, había una nota que decía:

“Te espero en tu árbol favorito a las doce en punto.”

¿Es posible que Drace también se hubiese fijado en mis costumbres de lectura bajo el árbol? Si era mi Nexor, o protector, o lo que quiera que signifique eso, era probable que así lo hubiese hecho.

Hoy tenía muchas ganas de enfrentarme al mundo, de conocer todo aquel mundo de ilusiones que me esperaba, de aprender sobre los Áleut y de comprender esa cosa de las luces.

Hoy sentía que podría enfrentarme a cualquier cosa y salir vencedora, pero como le ocurría al ambiente, cuando llegué a mi árbol favorito comprendí que hoy era un día de contrastes.

Era demasiado tarde para darme la vuelta y continuar con mi camino. No sólo la curiosidad me movía a seguir adelante, sino la necesidad de verle, tocarle y cerciorarme de que era real, de que no era una ilusión.

-Ceridwen…- dijo con una voz de alivio incomprensible para mí.

-¿Piensas hacerme daño?- pregunté antes de acercarme lo suficiente.

-No. Yo nunca quise hacerte daño, Ceridwen. Dejaría que los Decretores que hiciesen con mi alma antes de dañarte.

-¿Decretores?- pregunté acercándome a él lentamente.

-¿Ethain no te ha puesto al día?- Usther sonrió ampliamente, de forma relajada, mientras sus ojos negros se perdían en recuerdos antes de regresar a mí. –Debí imaginarlo, un Nexor no puede obligarte a comprender, debes hacerlo tú misma.

-El problema es que no tengo ni idea de qué es lo que debo comprender.- afirmé.

-Que eres un Áleut, que tu alma es luz.- comentó. -¿Qué sabes a día de hoy?

-Que eres peligroso para mí.- respondí rápidamente, al menos, eso lo tenía claro. –Que no debo permanecer demasiado tiempo a tu lado.

-Estás en lo cierto. Soy peligroso para ti, pero puedo controlarme siempre y cuando mi brújula señale al Norte.

Bien, Usther había decidido empezar a hablar de forma en la que sería imposible comprenderle. Eso era algo que los dos chicos más llamativos del campus tenían en común.

-¿Quién eres?

-Un condenado más.

-¿Condenado a la inmortalidad?

-He hecho tanto mal en vida que, cuando la muerte me llevó consigo, mi alma no fue aceptada en el lugar del principio y del fin. Mi alma no puede regresar a casa.

Usther alargó su mano hasta mí, invitándome a tomarla y seguirle hasta un lugar donde pudiésemos compartir nuestro tiempo mientras su brújula apuntase al Norte.

Intenté imaginar cómo sería eso de ser un condenado, un alma obligada a ser humana en un mundo humano, donde nunca podría disfrutar del sumo placer que yo pude apreciar la noche anterior, donde se vería atado por siempre al yugo de la materia.

Acepté su mano, apiadada de su alma, y caminamos juntos hasta uno de los bancos que amueblaban el exterior del campus.

-¿Qué quieres de mí, Usther?- pregunté finalmente.

-Yo… – Usther suspiró emocionado. –Buena pregunta, pero no quieres saberlo.

Extendió su brazo hasta alcanzar mi rostro con el dorso de su mano, acariciando mi mejilla con ternura. Sus ojos, negros y enormes, parecían arrepentirse de algo desconocido para mí y, si algo comprendía ahora, es que Usther estaba arrepentido. No conocía la razón y no pretendía hacerlo, simplemente lo comprendía.

-No tienes que disculparte. No me has hecho daño.

-Ojalá fuese suficiente con una disculpa.- añadió. –Nunca quise hacerte daño Ceridwen, pero soy un alma débil…

Su rostro parecía tan dolido como su mirada, enmarcada por dos cejas fruncidas que casi se tocaban.

-Estoy bien Usther, no me has hecho daño. Todo está bien.

-Nada está bien.- dijo aquella voz masculina.

Drace apareció ante nosotros, agarrando la mano de Usther y apartándole de mí con fuerza.

-No me harás montar una escena ante humanos, ¿verdad?- le preguntó Drace obligándole a levantarse.

-¿Quieres dejarle en paz? Su brújula apunta al Norte, ¿vale?- le dije con un tono de voz demasiado elevando.

-Tarde o temprano dejará de hacerlo.- añadió Drace.

-Tiene razón.- aseguró Usther. –Será mejor que me vaya.

Dio un paso hacia atrás y el corazón me dio un vuelco. Sin saber la razón, sin entender el por qué, yo no quería que se alejase de mí, deseaba a Usther en mi vida, me sentía unida a él de una forma inexplicable.

-¿Volveré a verte?- pregunté.

-¡No!- me gritó Drace enfadado. -¿Por qué quieres verle? Es peligroso para ti.

-Usther, ¿volveré a verte?- pregunté de nuevo, ignorando al primero.

-Lo intentaré.- susurró antes de desaparecer por completo.

Eché a andar en dirección opuesta, caminando hacia la facultad con paso decidido y firme. No tenía ganas de regresar a las clases ahora, pero menos tenían menos aún de enfrentarme a Drace en estos momentos.

Estaba furiosa con él. No tenía derecho a expulsar a Usther de mi vida, si yo no lo decidía primero.

Agradecí que no me siguiera, sentirme sola en estos momentos de frustración era importante para mí. Siempre había sido muy reservada, no me había quedado más remedio en el pasado, y me gustaba superar las cosas a mi modo, aunque fueran tan pequeñas, como un simple enfado, o tan importantes que mi mundo entero dependiese de ellas.

Las dos horas siguientes fueron una auténtica tortura, pues el profesor de Mitos estaba aún más perdido que yo. Parecía extrañamente alterado, tal vez estuviese visitando algún pub al mediodía o su petaca pesase menos de lo costumbre a estas horas.

-Según Claude Lévi-Strauss, los Mitos cuenta con una estructura básica: responden a una pregunta existencial, tienen representantes de la dualidad “bien-mal” y ofrecen una reconciliación de ambas polaridades para el consuelo de la conciencia humana.- comentaba aquel hombre barbudo y atolondrado. -Aunque también afirma que, antes de estudiar los mitos de una cultura ajena, debemos despojarnos de las ideas que nuestra propia cultura nos inculca. ¿Quién podría decirme cómo se llama la tendencia a realizar justo lo contrario?

-Etnocentrismo, señor.- dijo una voz desde el púlpito del gran aula.

-Perfecto. Perfecto.- dijo el profesor repitiéndose varias veces.

Como si fuese tan fácil olvidarse de las ideas que nuestra cultura nos inculca para convertirnos en simples observadores. El mal de antropólogo era exactamente ese, convertirse en un observador imparcial y lejano era completamente imposible. Si pretendías ser objetivo serías etnocentrista, por el contrario, si abandonabas las ideas de tu cultura corrías el riesgo de verte atrapado por la sociedad objeto de estudio.

Después de todo somos humanos y nuestras conciencias son tan sumamente moldeables que todos nuestros principios pueden cambiar en la medida que nuestras relaciones sociales cambien.

¿Y si era esto lo que me estaba ocurriendo a mí? Tal vez, para aprender a hacer las preguntas correctas, debería abandonar todas las ideas preconcebidas y dejarme llevar por el nuevo sistema social que se presentaba ante mí. Tenía que dejar de mirar desde lejos e introducirme de lleno para comprenderlo. Aunque siempre estaba la contrapartida del asunto, ¿y si terminaba por adaptarme tanto como los propios miembros de la sociedad?

Una vez desechada la idea de que Usther y Drace pertenecía a una secta, el miedo a adaptarme por completo desapareció, pues lo único que me movía para intentar comprenderlo era mi propia seguridad. Eso y la terrible curiosidad que ambos despertaban en mí.

La clase prosiguió de forma tan tediosa que creí enloquecer de tanto dar vueltas al mismo tema. Por un lado: Áleut, Decretores, Condenados, Nexor… Demasiadas denominaciones para cosas que aún desconocía. Por otro: Sociedad, Cultura, Mitos… Demasiados conceptos para ser asimilados en una sola tarde.

Mi cabeza daba vueltas cuando el profesor dio por finalizada la sesión. Para entonces ya estaba completamente convencida de entregarme al completo a la observación del mundo que Drace estaba dispuesto a mostrarme; sin embargo, el mundo que me rodeaba había decidido hacerse presente y raptarme por toda la noche.

A la salida de la facultad, Alma y Harmony me esperaban inquietas.

Sus rostros denotaban cierto enfado, pero la enorme curiosidad que veía en ellas les impediría sentirse molestas por mucho tiempo. Estaban deseando acribillarme a preguntas.

-Así que, el chico de Alma parece ser el chico de Gwen.- dijo Harmony riendo en cuanto me planté frente a ellas.

-No digas estupideces, ¿quieres?- susurré mientras guardaba mis libros en mi bolsa de estudios.

-¿Estupideces? Ayer, a las diez de la noche, mi chico apareció contigo en brazos para posarte sobre la cama. Estabas tan borracha que no te tenías en pie, ¿sería estúpido sacar otra conjetura al respecto?- me preguntó Alma sin poder ocultar el resentimiento.

-Drace es sólo un amigo, un conocido.- les dije. –Y no estaba borracha.

-¿Drace? Así que el chico de Alma tiene nombre.- preguntó la misma en el mismo tono.

Vale. Si yo fuera ellas también me pondría así. Si yo fuese Alma es posible que estuviese enfadada, pero no lo era yo era Ceridwen y aquello me sobrepasaba.

-Mira si vas a ponerte de ese modo, yo…

-Tú ¿qué? ¿Irás un lunes a emborracharte sin nosotras?- me preguntó de nuevo enfadada.

Desde ese punto de vista, teniendo en cuenta que le molestaba más la suposición de mi borrachera solitaria que la suposición de mi rollo con Drace, podría soportarlo.

-¿Cuál es mi redención?- pregunté derrotada.

En nuestro antiguo año nuestros lazos se habían hecho tan fuertes, gracias a la convivencia, que no teníamos más remedio que establecer ciertas normas. Antes de que dos odiasen a una tercera planificarían un pequeño castigo que les hiciese sentir satisfechas y compensadas, a cambio, el tema no volvería a nombrarse, no para mal. La tercera quedaría perdonada de por vida y las otras dos disfrutarían de la redención.

-Vamos.- Harmony me sonrió ampliamente mientras me cogía de la mano y tiraba de mi cuerpo con fuerza.

Como pude adivinar, tras tomar el primer tranvía, nos fuimos directas al pub “AfterThis”. No importaba que fuese martes, realmente no importaba del día de la semana que se tratase, el lugar siempre estaba lleno a las horas en las que los estudiantes se despedían del día laborable. Aunque sólo fuese por una o dos horas, la mayoría se pasaba por aquí para tomar una cerveza de barril y una ración de pescado y patatas fritas.

Al llegar, Jenna, la camarera y dueña del bar, nos tenía preparados tres chupitos de tequila sobre nuestra mesa. Mis amigas sonreían plácidamente, pero a mí no me parecía muy oportuno, una cosa era tomar una cerveza y otra alcohol puro y duro en un día de entresemana.

-¿Tequila? ¿Hoy?- pregunté confusa.

Ellas asintieron felizmente mientras cogían el pequeño vaso de chupito por la base del mismo. Hice acopio de todas mis fuerzas antes de seguirlas y golpear el vaso sobre la tabla para beber el contenido con acopio.

El líquido hacía arder intensamente todos los lugares por los que pasaba, no pude evitar toser en respuesta. A pesar de todas mis juergas veraniegas, el alcohol no formaba parte de ellas tanto como yo afirmaba o fingía.

-Otra ronda Jenna.- gritó Harmony entre la música.

-Está bien, pero es la última para un martes.

-Oh vamos Jenna, hoy es un día especial.- dijo Alma. –Celebramos que Gwen tiene novio.

Mis ojos se abrieron como platos enfocando a mi amiga, mientras la gente de alrededor de la mesa nos miraba y reía como si nos encontrásemos en cuarto curso.

-¿Qué significa redención para ti Alma?- pregunté recordándole las reglas.

-Aún no has cumplido con tu castigo. Dicen que siete es el número mágico.- me dijo Harmony riendo a carcajadas. –Sube esa canción Jenna, es la favorita de Gwen.

Entre los gritos de mis amigas y la música rock al más puro estilo de los motoristas americanos, me tomé tres chupitos de tequila y medio limón con pepitas incluidas. Llegado a un punto, el calor del alcohol me embotaba los sentidos de tal manera que el control sobre mis movimientos era bastante difícil.

Harmony, que bebía tanto como yo, estaba tan animada que se lanzó a bailar enseguida junto a Alma. La gente que nos rodeaba, empapada por el ambiente que estábamos creando, se metió de lleno en la fiesta, siguiéndoles el juego a los verdugos de mis amigas.

-Te faltan tres más Gwen.- me dijo Alma entre risas psicóticas.

Me despojé del jersey, quedándome en tirantes de nuevo, intentando sentir algo de frescor en mi cuerpo. Surtió efecto de inmediato, pues sentí dos manos frías agarrarse a mi cintura al compás de la música.

Me giré rápidamente para dar con el rostro que acompañaba a aquellas manos que tanto me aliviaron en estos momentos. Mientras, la música sonaba, el mundo giraba deprisa y yo me encontraba sumida en un descontrol absoluto.

Dos ojos negros fueron todo lo que necesité para identificarle.

-Creo que tú nuevo novio está lejos de aquí.- me susurró al oído.

Acerqué mi cuerpo más al suyo, dejándome llevar por los movimientos acompasados del ruido ambiental.

-Tres más Gwen, te faltan tres para ser libre.- gritó Harmony de lo más animada.

-¿Cómo voy a beber más? A penas me tengo en pie.- susurré mientras tomaba otro vaso de la mesa.

-Simplemente, hazlo.- me dijo Usther con una pícara sonrisa.

De un sorbo tomé el líquido, pero antes de que pudiera tragarlo, Usther pegó su boca a la mía para hacerse con el contenido antes de que pudiera afectarme. Y, aprovechando ese movimiento, jugueteó con mis labios de la forma más pasional en la que jamás me habían besado.

Una gota de tequila se escapó por la comisura de la boca, la escusa perfecta para que su lengua recorriese su camino, desde mi mentón hasta llegar de nuevo a los tórridos besos.

Se separó de mí, sujetando mi cuerpo por la cintura, para tomar una rodaja de limón y succionar su jugo mientras todos gritaban y vitoreaban su proeza. Acababa de conseguir lo que ningún chico del campus había conseguido aún, liarse con la dura de Gwen Candille.

Para mi sorpresa, Alma y Harmony le animaban con tanto afán como el resto de presentes, sin importarles lo que habían visto la noche anterior, sin razonar y dejándose llevar por las emociones, exactamente lo mismo que yo estaba haciendo.

Un nuevo beso, ácido y amargo, equilibró a la perfección lo ardiente del anterior.

Hoy era un día de contrastes.

Un comentario

  1. me encanta!!! hace ya algún tiempo que leo tus historias y siempre consiguen engancharme muchísimo y con este relato lo has logrado de nuevo por eso estoy deseando que publiques para ver cómo continúa… por favor!!!! xD
    un besito y gracias por escribir así de bien! :)



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